jueves, 23 de abril de 2015

SOLTXU Y MIRIAM / "Los tesoros de la memoria" / 24 de abril, 19.00 h

SOLTXU Y MIRIAM

Soledad Rodríguez y Miriam Guerra comenzaron a tocar la pandereta en la escuela de folclore de Torrelavega y pronto se dieron cuenta de la gran necesidad de recoger, transmitir y conservar todo ese acervo que rodea a las mujeres de Cantabria y sus panderetas. Llevan a cabo un trabajo de campo acercándose hasta los pueblos para hablar con la gente mayor y con pandereteras que tocaban de mozas en las romerías, aprendiendo de ellas coplas, toques y melodías.
En el año 2001 forman el dúo de pandereteras de Torrelavega y escogen un repertorio con el que dan a conocer los toques más singulares de Cantabria y zonas limítrofes y en el que reflejan esta riqueza propia de la región. 

Han participado en diversos festivales e impartido cursos en Cantabria, País Vasco, Castilla y Galicia. Han colaborado con diversos artistas cántabros y participado en CD´s como “Las Noches del Romancero en Castañeda”, “25 años de autonomía, 25 años de música” y “Raíces 1992-2002”. Como componentes del grupo de música tradicional cántabra Saltabardales, han llevado el sonido de sus panderetas por todo Cantabria, a la mayor parte de las comunidades españolas, Portugal y Francia.

LA PANDERETA EN CANTABRIA

La pandereta es uno de los instrumentos más representativos y de mayor riqueza dentro del folclore tradicional de Cantabria. La belleza de sus melodías y la variedad de ritmos y maneras de tañerla, hacen que la pandereta sea una seña de identidad de la cultura de cada uno de nuestros pueblos. El arte de tocar la pandereta, acompañada por la voz, alcanza en Cantabria su máxima expresión en cuanto a extensión y nivel de ejecución. Era el único instrumento que amenizaba los bailes dominicales y parte de las romerías, puesto que no se cobraba por tocar, ya que casi todas las jóvenes sabían tañerla y se iban turnando para cantar y bailar al son de una pareja. Era además un instrumento barato y sencillo de fabricar, un aro de madera, una piel de cualquier animal doméstico, unas piezas de hojalata llamadas cascabijas o sonajas y unas manos mínimamente habilidosas bastaban para su construcción.
No solo fue utilizada para el baile, sino también para cantar al Santo y para recibir a personajes relevantes de la época como los indianos, el nuevo cura y otras autoridades, en los que el toque era mas sencillo para que participaran todas las mozas del pueblo. En una época en la que las familias se sustentaban en la agricultura y la ganadería, el único momento de ocio era la tarde del domingo en la que se aprovechaba para entablar relaciones sociales. Los solteros eran los únicos a los que se les permitía tomar parte en el baile y entre juegos, robos de pareja y coplas alusivas a los bailadores, tomaban contacto con el sexo opuesto. Con la llegada de las orquestas e instrumentos más modernos, la pandereta se adaptó a los nuevos tiempos y algunas de las antiguas melodías a lo pesao y a lo ligero fueron transformadas en valses y pasodobles para poder bailar a lo agarrao escandalizando con ellos a prensa y a las autoridades eclesiásticas. 



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